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La formación como instrumento de reactivación económica

Formación y EmpleoSegún el último informe publicado por el SEPE con los datos de paro registrados del mes de noviembre, el número de desempleados se sitúa en la escalofriante cifra de los 4.808.908.

Con el motor de nuestra economía, la construcción, en el dique seco, las dinámicas positivas de nuestro mercado de trabajo atienden a factores puramente estacionales. Al igual que ocurre en las vísperas de los meses veraniegos, asistimos a un aumento de las contrataciones en el sector servicios, el cual absorbe a un elevado número de trabajadores para hacer frente al incremento del consumo por estas fechas, una vez finalizado el periodo vuelven a engrosar Las estadísticas de paro.

Aunque a nuestros dirigentes se les llene la boca anunciando a bombo y platillo la reducción del número de desempleados, haciéndonos creer que la tendencia económica comienza a invertirse, todos sabemos que nuestra economía continúa en un estado de coma, casi, irreversible.

Las perspectivas a corto y medio plazo no son nada alentadoras si tenemos en cuenta que el motor que hace carburar a nuestra economía “no está, ni se le espera”.

Lo sé, soy muy pesimista al respecto, razones no me faltan:

Para empezar, el estallido del sector de la construcción que empleaba a buena parte de la población, ya sea de forma directa o indirecta, nos deja un perfil de desempleado con una escasa cualificación –en torno al 70% cuenta con estudios básicos o la ESO-. Este dato es aún más alarmante si tenemos en cuenta la cantidad de millones de euros del erario público destinados a la formación de nuestros trabajadores que durante todos estos años hemos tirado, literalmente a la basura gracias al lucro de unos ¿pocos? con la connivencia más absoluta de nuestra querida Administración Pública.

Contamos con otros sectores de cierto potencial, como es el caso del turismo o la agricultura, pero no nos engañemos, ambos servían de apoyo al gran bastión que suponía la todopoderosa construcción, por lo que no se vislumbra en el horizonte otro sector económico capaz de absorber la cantidad de mano de obra que empleaba la construcción, así como los subsectores asociados.

Para invertir la situación, necesitamos de la aparición de un sector económico fuerte, capaz de absorber mano de obra de baja cualificación que anteriormente se empleaba en el ámbito de la construcción, y eso se antoja cuanto menos complicado.

Hay que ser realista: Propuestas, muchas. Recetas mágicas, pocas.

La Administración debe hacer, de una vez por todas, una apuesta fuerte por la FORMACIÓN –sí, en mayúsculas- como principal instrumento para cambiar el perfil del demandante español, recualificándolo profesionalmente hacia otros sectores emergentes de largo recorrido que sin duda, el gobierno debe potenciar. A la cabeza me viene, por ejemplo, el sector de las renovables, el enorme campo que abarca y la gran variedad de perfiles profesionales con alta, media y baja cualificación que demandaría, por supuesto, previa inversión pública en reciclaje profesional. Instrumentos no nos faltan, tanto desde el ámbito educativo (FP Inicial) como desde el empleo (Formación Profesional para el Empleo) y su instrumento de acreditación por excelencia como son los Certificados de Profesionalidad.

La oferta formativa dirigida a trabajadores desempleados debe poner el foco en el desempleado de escasa formación, recualificándolo hacia aquellas actividades con perspectivas reales de crecimiento y consolidación. En este ámbito, los servicios públicos de orientación profesional deben jugar un papel fundamental. Para ello, se necesitan profesionales FORMADOS más allá de las clásicas tareas de cómo confeccionar un currículo, cómo afrontar una entrevista de trabajo o cómo abrir y administrar un perfil en el mundo 2.0 (que no es poco). El orientador laboral, debe ser un gran conocedor del mercado de trabajo y las perspectivas de crecimiento de los diferentes sectores de actividad. Debe conocer de forma exhaustiva el sistema educativo profesional reglado y, por supuesto, el sistema de formación para el empleo, así como las equivalencias entre ambos. En este campo, la administración también tiene mucho trabajo por delante.

La formación para trabajadores ocupados, debe ser una formación efectiva, adaptada a las necesidades reales de recualificación profesional de las personas que tienen la suerte de estar cotizando hoy en la Seguridad Social. El mercado de trabajo del s.XXI ha eliminado del imaginario colectivo la tradicional idea de un mismo empleo para toda la vida. Hoy todo es más efímero, hasta el empleo, lo que nos obliga a sufrir o disfrutar de la obligatoriedad de estar sumidos en un aprendizaje permanente a lo largo de nuestra vida si queremos transitar de forma activa por el mercado laboral.


Perfil Fernando