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El momento de tomar decisiones

Cuando llega el momento de tomar decisiones, nos referimos a ese espacio de lugar y tiempo en que tenemos que elegir. Ese momento que a muchas personas les gusta dejar para después y que otras necesitan para vivir.

Hay personas, a las que llamaremos de tipo A, para las que el día a día supone una toma de decisiones continua y aprovechan estos momentos para fortalecerse y crecer. Lo hacen porque se nutren tanto de las buenas como de las malas elecciones. No es que no tengan miedo a equivocarse, es que si lo hacen usan el resultado para construir una nueva circunstancia. Para ellos la toma de decisiones no es un momento aislado, es un todo que gira en torno a la construcción de ese camino que llamamos vida.

En el otro extremo, se encuentran aquellas personas, a las que nos referiremos como tipo B, para las que la toma de decisiones se convierte en su principal fuente de inseguridad. Pero si tomamos el proceso de toma de decisiones, como una función vital del ser humano que va unida al desarrollo, un bloqueo continuado de esta función básica, acaba generando estados nocivos para la persona en si misma y para aquellos que están a su alrededor, con manifestaciones tales como:

  • Baja autoestima. Las situaciones de los demás son percibidas como aventajadas con respecto a las suyas.
  • Inhibición social, desgana por relacionarse con los demás, tendiendo a crear su propio mundo donde su situación es excepcional.
  • Baja tolerancia a la frustración, cualquier meta es buena para verse incapaces de conseguirla y tirar la toalla una y otra vez.
  • Falta de control sobre su propia vida, visión de la situación en estado circular y sin herramientas para solventarlo.
  • Bloqueo profesional. Es la siguiente parcela en caer una vez que la parte personal no está resuelta.

Y es que tomar decisiones no solo se trata de elegir qué carrera voy a estudiar o cuál de estos dos empleos voy a escoger. Se trata de decidir qué voy a hacer mañana cuando me levante para solucionar esta situación que me impide vivir plenamente.

La propia madurez es la que hace que el individuo vaya experimentando con sus consecuentes fracasos, de los que debe aprender, y con sus aciertos, de los que se debe vanagloriar, para ir construyendo esa seguridad en la que se basan las elecciones más complejas que se van planteando en la vida. Pero si llegados a un punto, ese proceso de maduración no se ha llevado a cabo de la manera correcta, solo queda un camino, que es:

  • Comenzar a pensar que hay que trazar un plan para salir de ese estado (consciencia del problema).
  • Poner la primera piedra (toma de decisiones).

Empezando por formar parte de la búsqueda de la solución (búsqueda de herramientas y alternativas), siendo consciente que de lo contrario continuará siendo “parte del problema” (Vladimir Lenin).


Perfil Ana Palazón