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La economía de la felicidad

Estamos en un momento económico, que está generando en la mayoría de la población, un sentimiento pesimista en lo que se refiere a la situación actual en la que nos encontramos y lo que está por venir.

Algunos hablan de crisis económica, otros de crisis de valores, otros de crisis social…La realidad es que independientemente de la situación de cada persona, hay un sentimiento global negativo en lo que se refiere a que nos deparará el futuro. Todos escuchamos comentarios del tipo de “todavía no ha llegado lo peor”, “nunca volveremos a estar como antes”, “de esta no salimos”, “somos una generación perdida”…Son comentarios que escuchamos en compañeros, familiares, medios de comunicación, que a pesar de que tu momento actual sea considerado para ti como positivo, hace, que te genere una preocupación social y una incertidumbre personal sobre lo que durará tu estado actual.

Frente a esta situación, debemos reconsiderar los verdaderos motivos que mueven la felicidad en nuestra vida económica, que no se traduce, a pesar de lo que muchos puedan pensar, en mayores ingresos económicos. Evidentemente los ingresos económicos son necesarios y pueden ayudar a tener un mayor estatus social, pero existen otros factores no menos importantes, que son necesarios para alcanzar el estado de felicidad que cada uno tenga marcado.

Pero si salimos de esta situación que tenemos actualmente en España y nos vamos a otros países más ricos, hay estudios que demuestran que un mayor nivel de ingresos no determina que el nivel de felicidad vaya en consonancia, ya que la felicidad no se encuentra en lo material, sino que está en lo intangible e incuantificable. En 1974, el economista Richard Easlerlin publicó un estudio que contradijo la teoría económica mayoritariamente aceptada, basada en que mayor riqueza económica era igual a mayor felicidad. Cuando Easlerlin comparó los resultados de varios países, el nivel medio de felicidad que las personas dijeron poseer, no varió prácticamente, al menos en los países en los que las necesidades básicas están cubiertas en la mayor parte de la población. De manera similar, y aunque los ingresos por persona han aumentado de manera significativa en los últimos años 30 años en el mundo desarrollado, el nivel de felicidad reportado por los ciudadanos no ha mostrado una tendencia de cambio homogénea. Esto sucede, porque existe entre las personas lo que llamamos el “umbral de la riqueza”, que indica que a partir de cierta cantidad económica que nos permite cubrir las necesidades básicas, ya no existe relación con la felicidad.

Por el contrario, sí podemos decir que la felicidad aporta riqueza, pero para alcanzarla son necesarias ciertas dosis de espontaneidad, inspiración, pasión, honestidad y cooperación:

-          Poniendo pasión en nuestros proyectos personales y laborales, nuestro entorno se verá contagiado.

-          Conseguir la experiencia a través de la práctica con otros profesionales y utilizarla.

-          Trabaja con gente nueva, es una buena forma de ampliar horizontes y adquirir una mayor perspectiva.

-          Rodéate de personas adecuadas, que contribuirán a que des los pasos adecuados.

-          Tener confianza en los demás y compartir lo que sabemos, producirá que la información fluya.

-        Siendo generoso y responsable, las personas confiarán en ti y trasmitirán esa confianza a otras personas que no te conocen, haciendo que tus proyectos fluyan.

Como apunta Gandhi: "La felicidad se alcanza cuando, lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía".


Perfil Ana Palazón