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La autenticidad de uno mismo

Dice Luis Eduardo Chacín Chacín en uno de sus artículos que “La autenticidad es una respuesta inmediata, directa, inteligente, sencilla, ante cada situación. Es una respuesta que se produce instantáneamente desde lo más profundo del ser, una respuesta que es completa en sí misma, y que, por lo tanto, no deja residuo, no deja energía por solucionar, no deja emociones o aspectos por resolver. Es algo que, por el hecho de ser acción total, una acción en que la persona lo expresa y lo da todo, liquida la situación en el mismo instante y genera confianza.” Es por ello, que es un valor clave en la vida de las personas y sus relaciones humanas. Se suele relacionar con el “ser honesto con uno mismo”, actuando de la forma más sincera con nuestro propio ser y siendo producto de nosotros mismos, sin dejarnos llevar por lo que otros quieren que seamos.

La autenticidad, es un concepto muy amplio y que aplicado a un ámbito u otro, se puede valorar desde diferentes perspectivas. Si nos centramos en el ámbito laboral, nos referimos a que a lo largo de nuestras vidas, habrá aspectos que decidamos por nosotros mismos y otros en los que nos veamos inmiscuidos sintiéndonos “títeres” de situaciones o personas que no nos dejan ser nosotros mismos. Estas situaciones son comunes, pero no por ello deben ser estables en el tiempo, pues se convierten en “situaciones tóxicas” que nos impiden avanzar.

A veces visualizarnos en una de estas situaciones nos puede costar, pero un ejemplo concreto basado en un cuento de Jorge Bucay, nos puede hacer reconocer una de ellas:

¿COMO CRECER?

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores que se estaban muriendo.

El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble. Entonces encontró una planta, una fresia, floreciendo y más fresca que nunca.

El rey preguntó: ¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío? No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda".

Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mírate a ti mismo. No hay posibilidad de que seas otra persona. Puedes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por ti, o puedes marchitarte en tu propia condena.

Y con este ejemplo, vemos que hay a nuestro alrededor muchas personas intentando vivir la vida de otras personas, una vida que nos les pertenece y otras personas dejando de ser “autenticas” y permitiendo a estas personas que vivan su vida. Nadie puede decidir sobre tu estado de ánimo, sobre la forma en la que decides afrontar las situaciones, sobre tu percepción de la vida y mucho menos sobre tus actos. Solo la coherencia con uno mismo, puede definir nuestra autenticidad como personas, y esto es independiente con ser aceptado o no por los demás. Actuar de forma opuesta, solo nos conduce a desajustes emocionales que no nos permiten estar en equilibrio con nuestro ser.

Pero ¿cómo reconocemos que estamos siendo auténticos? Porque brillamos, emitiendo una energía que permite que las cosas sucedan, porque atraemos a las personas que queremos en nuestra vida y porque nos encontramos conectados con nuestra esencia.

Para lograrlo primero “pregúntate”, segundo “escúchate” y tercero “actúa consecuentemente”.


Perfil Ana Palazón