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Las prácticas profesionales: ¿Algo que perder?

Cuando alguien que está aprendiendo a desempeñar una profesión, sea un universitario, un estudiante de formación profesional o alguien que está realizando un plan formativo ocupacional o cualquier modalidad formativa, generalmente demanda con  gran interés una parte práctica para completar el proceso de aprendizaje.

Muchos son los comentarios acerca del exceso de teoría y la necesidad de acercar el temario a la vida real en la mayoría de los programas formativos orientados al empleo. Pero ¿a cualquier precio? ¿Qué ocurre si el programa formativo da la opción de realizar prácticas de manera voluntaria? ¿Serían tan demandadas?, ¿Y si dichas prácticas además de no ser obligatorias, y por lo tanto no entrar dentro del horario lectivo,  no son remuneradas? Pues la respuesta es que el índice de demanda por parte de los usuarios baja considerablemente.

Habiendo sido estudiante y por un tiempo becaria, demandante de becarios para el sector de empresa y tutora de los mismos, he podido comprobar cómo varía el perfil del estudiante en función de las condiciones de las prácticas, siendo el cometido el mismo. Y es que son muy pocos los alumnos que van con una mentalidad y una actitud abierta al aprendizaje, ya que el estereotipo del becario para hacer fotocopias y cafés hace bastante daño a esta función y muchas veces la falta de un diseño y una buena tutorización por parte de las empresas hace que el alumno sienta que ha perdido su tiempo.

Pero ¿es realmente el tiempo invertido en unas prácticas en vano? La respuesta es NO. 

 

 Fuente imagen: www.eleconomista.es

 

Yo siempre recomiendo asesorarse antes de hacer unas prácticas sobre ciertos aspectos relevantes como pueden ser información acerca de la empresa a la que nos dirigimos, las funciones a realizar y el tutor con el que se va a trabajar, para que dichas prácticas se acerquen lo máximo posible a lo que esperas de ellas. La compensación económica es un aspecto secundario, pues debes de considerar la experiencia como parte de tu formación y una oportunidad de entrar en el mundo al que quieres pertenecer en un futuro próximo.

Si a pesar de haber intentado elegir las prácticas que más se adaptaran a nuestras necesidades, no hemos tenido suerte con la calidad de tutor, la empresa no es lo que parecía, y hemos estado más tiempo haciendo una base de datos que realmente lo que nos dijeron de inicio que íbamos a hacer, siempre habrá merecido la pena.

Lo que nos llevaremos tras una experiencia laboral lo valoraremos con el tiempo, pues comenzaremos a tener un contacto directo que nos proporcione un conocimiento del sector, veremos cómo se valoran y utilizan las habilidades que se precisan para desenvolvernos en dicho ámbito, entenderemos los roles empresariales de las personas que forman la compañía y que tienden a repetirse allá donde vayamos, aprenderemos a relacionarnos con los diferentes perfiles que se crean dentro de la empresa… Pero sobretodo, sin darnos cuenta, empezaremos a despejar esas incógnitas que surgen cuando uno empieza a aprender a desempeñar una labor, las inseguridades que surgen de si es lo que quiero o no, si valgo para ello o no, en definitiva la seguridad que se necesita para desarrollar el talento profesional y elegir un camino.

Siempre pensé que aunque permanecieses sentado durante 6 meses en una silla no haciendo absolutamente nada, el aprendizaje a través del uso de nuestros sentidos es la herramienta más valiosa que tenemos para empaparnos de lo que sucede a nuestro alrededor. Y toda la información que nos llevamos transcurrido ese tiempo, siempre será recordada y usada a lo largo de tu futuro laboral más de lo que uno pensó en aquel momento que por un instante se planteó si tenía algo que perder dedicándose a aprender en un entorno laboral.