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Discapacidad y formación online

En España existen actualmente más de cuatro millones de personas con algún tipo de discapacidad certificada. De ese colectivo, en torno a tres millones de personas poseen las condiciones necesarias para formarse y acceder a un puesto de trabajo.

Por otra parte, un gran problema que afecta al colectivo de personas con discapacidad, y especialmente a personas con discapacidades intelectuales y sensoriales, es la gran dificultad de acceso al mercado laboral, fundamentalmente por los prejuicios que aún en nuestra sociedad imperan.

Ante esta realidad, las personas con discapacidad se están caracterizando por otorgarle una gran importancia a la formación, como vía que les permita acreditar sus competencias ante las empresas y organizaciones, de manera que cada vez es posible encontrar un mayor número de titulados universitarios en el colectivo de personas con discapacidad pero es en la formación profesional donde estas personas perciben unas mayores oportunidades de cara a concluir sus estudios e insertarse posteriormente a nivel laboral.

En cualquier caso, ya sean estudiantes con titulación universitaria que desean ampliar su currículum o estudiantes de ciclos de grado medio o superior o de otros ámbitos de la formación profesional, la realidad es que las nuevas tecnologías y muy especialmente la formación on-line, no les pasa desapercibida a estas personas y es que en los últimos quince años, se han llevado a cabo importantes desarrollos tecnológicos que permiten a todo tipo de usuarios acceder a las mismas con independencia de sus circunstancias personales.

De este modo, las personas invidentes disponen de lectores de pantalla, las personas con baja visión disponen de magnificadores de ventanas, las personas con deficiencia auditiva disponen de software de subtitulado y reproductores de la lengua de signos virtual, las personas con limitaciones motoras disponen de pulsadores sustitutivos del teclado y el ratón o de punteros sensibles al parpadeo etc.

Además todas estas herramientas se encuentran adaptadas incluso para la tecnología móvil, de manera que cualquiera de estos usuarios puede acceder a internet y utilizar herramientas como tiendas virtuales o plataformas de teleformación, entre otras, desde su móvil o tableta.

Teniendo en cuenta las características de la teleformación, como modalidad que permite acabar con barreras espacio-temporales, las personas con discapacidad suelen seleccionar este tipo de formación por facilitarles el acceso al aprendizaje, superando las limitaciones de un aula convencional, en las cuales a no ser que se cuente con la tecnología y los docentes suficientemente sensibilizados y capacitados para desarrollar sesiones formativas inclusivas, el acceso al aprendizaje suele suponer un proceso realmente complejo para quien sufre algún tipo de limitación.

Así, la teleformación puede garantizar dicho aprendizaje, sobre todo a nivel postuniversitario, en la formación continua o en ámbitos como los certificados de profesionalidad, pero este tipo de formación ha de garantizar la accesibilidad y es este el punto verdaderamente crítico de la misma, porque en el actual mercado de la formación se está optando cada vez más por modelos que están relegando el aprendizaje y la formación a un segundo plano, fomentando el dinamismo y los contenidos de alto impacto que en ningún caso son accesibles.

En un mercado de la formación en el que se intenta captar alumnos a toda costa, se está dejando de lado a centenares de miles de posibles clientes para esas entidades de formación, ansiosas por buscar una salida al actual escenario de incertidumbre económica pero a pesar de todo, nadie tiene en cuenta a los ciudadanos que puedan presentar algún tipo de limitación, dejando a estos cada vez con menos alternativas formativas y a los centros, sin un mercado potencial de personas muy interesadas por formarse.

Además, en países como América Latina, el porcentaje de personas con discapacidad es aún mayor y por otro lado en muchos de esos países, además de formar a personas con discapacidad, se ha de formar a profesionales que a su vez, puedan por ejemplo, enseñar a personas con discapacidad a utilizar las nuevas tecnologías, de manera que las posibilidades se multiplican.

En cualquier caso, mientras se siga dando cabida a determinadas dinámicas y herramientas que persiguen atraer usuarios a partir de determinados estímulos, que por mucho que se defiendan, no tienen nada que ver con la facilitación del aprendizaje y mientras se dejen de lado las recomendaciones del W3C sobre accesibilidad al contenido web, las personas con discapacidad lo tendrán cada vez más difícil para alcanzar algún día ese sueño de la igualdad de oportunidades, especialmente en el ámbito laboral y por su parte, muchas entidades y centros de formación, estarán perdiendo la oportunidad de impulsar su actividad profesional diaria a nivel nacional e internacional.


Perfil Luis Muñiz