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E-learning: amenazas, malas prácticas e intrusismo (2ª parte)

Si en la primera parte del presente artículo se analizaron algunas amenazas para el e-learning destacando aquellas dinámicas potenciadoras de la estética para causar impresión al usuario final, en esta ocasión procederemos a abordar otras cuestiones que también implican contrapartidas a la formación on-line.

En este sentido hay que analizar el papel de las herramientas de autor para crear contenidos de aprendizaje virtuales y el uso que en muchos casos se hace de las plataformas de teleformación.

En lo que a las herramientas de autor se refiere, hay que empezar diciendo que son aplicaciones muy importantes para los diseñadores de contenidos y actividades en e-learning, ya que permiten generar contenido de calidad, que combine múltiples soportes desde los que originar aprendizaje y además, permite su exportación en diversos formatos compatibles con los principales sistemas LMS.

El contrapunto de estas herramientas y que afecta muy negativamente a los procesos e imagen de la teleformación está vinculado al uso que multitud de usuarios hacen de las mismas, muchas veces sin ser expertos en formación o en teleformación y es que a diferencia de otras herramientas específicas, las herramientas de autor para generar contenidos virtuales se caracterizan por su sencillez, al menos en lo que a la creación de paquetes de contenidos se refiere ya que otras fases del diseño como la programación del código resultante exige un determinado conocimiento informático.

La problemática de esa extrema sencillez viene dada por la posibilidad que cualquier usuario tiene de crear este tipo de contenido, al margen de un verdadero conocimiento del proceso formativo, del planteamiento de objetivos bien definidos, de la correcta combinación de teoría y práctica, del correcto uso de los distintos recursos que estas herramientas proporcionan etc.

En definitiva, en muchas ocasiones es posible identificar dinámicas de multitud de personas que se dedican a ir combinando textos con imágenes o con videos, intercalando actividades… pero sin poseer un verdadero conocimiento sobre el resultado que van a originar.

Por este motivo ocurre que muchos contenidos están faltos de sentido, no captan el interés de los alumnos, no se encuentran actualizados o sencillamente, están lejos de ser considerados contenidos de calidad lo cual origina una imagen negativa de este tipo de formación.

Existen multitud de herramientas de autor para crear contenidos e-learning pero las más sencillas de usar y por tanto, las que son más suceptibles de ser usadas por usuarios no expertos en la materia son aquellas herramientas basadas en arrastrar y soltar y en la inserción progresiva de pantallas.

Por su parte, un uso correcto de estas herramientas por parte de verdaderos expertos en teleformación originará contenidos óptimos.

En otro orden de cosas, el mal uso de las aulas virtuales que plantean muchas universidades y entidades de todo tipo ligadas a la formación es otro de los factores que contribuye al establecimiento de una mala imagen del e-learning.

En este sentido, el mal uso al que nos referimos aquí puede concretarse en dinámicas como:

  • Utilizar el PDF como formato único para los contenidos.
  • Convertir el aula virtual en un tablón que facilite la descarga de archivos.
  • No hacer uso de las herramientas de comunicación on-line.
  • No hacer uso de las herramientas dirigidas al seguimiento y evaluación de las plataformas de teleformación.
  • No tener en cuenta la accesibilidad de contenidos ni de aulas virtuales.
  • No tener en cuenta la compatibilidad con dispositivos móviles.

Las aulas virtuales suponen herramientas caracterizadas por un gran potencial para proporcionar contenidos diversos, actividades, dinámicas comunicativas y seguimiento del alumnado y aquellas entidades que difunden una imagen limitada de este tipo de herramienta están yendo en contra de la finalidad e imagen del e-learning porque la experiencia del alumnado será aquella ligada a la desmotivación, a la no participación y colaboración con el resto del grupo, a la pasividad ante el contenido etc.

Por todo esto se ha de procurar efectuar un uso correcto de las aulas virtuales, donde alumnos y tutores coincidan en un entorno que se caracterice por su dinamismo, entendiendo este como la puesta en marcha de distintos tipos de procesos que originen aprendizaje: contenidos multimedia y accesibles, propuesta de tareas individuales y grupales, efectuar un seguimiento real del proceso de cada alumno y hacerle saber que su actividad es constantemente monitorizada para que no se sienta aislado o perdido en el proceso de teleformación.

En definitiva, una plataforma de teleformación es mucho más que un entorno donde “colgar archivos” y depende de los diseñadores y tutores la puesta en marcha de acciones formativas que originen verdadero aprendizaje.


Perfil Luis Muñiz